La soga al cuello: el tarifazo como sentencia de muerte para la producción PyME

Bajo la bandera de un "sinceramiento" de precios que parece no tener techo, el Gobierno Nacional ha profundizado una política de quita de subsidios que está desequilibrando la supervivencia del entramado productivo más importante del país
Columna PyME Nicolás Serafini
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El inicio de este 2026 ha traído consigo una realidad sofocante para las Pequeñas y Medianas Empresas argentinas, donde el calor del verano resulta anecdótico frente al incendio que provocan las facturas de servicios públicos en las planillas de costos. 

Para un taller metalúrgico o una panadería de barrio, el costo de la energía eléctrica y el gas ha dejado de ser un insumo básico para transformarse en un socio mayoritario invisible que se queda con toda la rentabilidad, obligando a cientos de empresarios a enfrentar la decisión más dolorosa: si vale la pena, un mes más, mantener la persiana abierta.

Esta asfixia tarifaria no ocurre en el vacío, sino en medio de una recesión que el discurso oficial intenta minimizar pero que las góndolas gritan con fuerza. Las PyMEs industriales y comerciales se encuentran atrapadas en un "efecto pinza" devastador, donde por un lado los costos fijos se disparan por las nubes y, por el otro, el consumo interno sigue en niveles deprimidos, impidiendo trasladar estos aumentos a los precios sin perder a los pocos clientes que quedan. La insensibilidad de la política económica nacional es manifiesta cuando se observa que se exige eficiencia competitiva a empresas que deben pagar tarifas dolarizadas mientras producen con maquinaria que, en muchos casos, está parada al 60% por falta de demanda. Mantener una estructura operativa mínima hoy es un acto de heroísmo financiero que el Ejecutivo ignora, priorizando un superávit fiscal que se construye sobre el cementerio de las fábricas nacionales.

El panorama se vuelve aún más oscuro cuando se analiza la falta de herramientas de contención. Mientras los grandes exportadores reciben guiños impositivos y reducciones de retenciones, el pequeño industrial de la provincia de Buenos Aires o del interior del país no recibe más que la notificación de un nuevo aumento en la luz. El Gobierno ha decidido que la única regla es la del mercado, pero olvida que en una economía asimétrica, soltarle la mano a la producción local es entregar el mercado interno a los productos importados que no pagan los mismos impuestos ni sufren el mismo costo energético. Si la política energética para lo que resta de 2026 no contempla una tarifa diferenciada o un plan de contingencia para el sector productivo, el resultado no será un mercado más eficiente, sino una Argentina con persianas bajas, locales en alquiler y una pérdida de empleo formal que será imposible de recuperar en el corto plazo. El "ajuste ciego" está apagando las máquinas que deberían estar encendiendo la recuperación del país.

Nico Serafini es contador público, empresario PyME, comunicador y músico. Lleva años asesorando y acompañando a pequeñas y medianas empresas en su crecimiento, brindando soluciones contables, financieras y administrativas. Es columnista de ARG360. Su libro ECONOMÍA POP propone un método práctico para pensar y gestionar negocios en la era del entretenimiento.  

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