
El muro de lodo que viajó a 100 km/h: así fue el GLOF que borró del mapa a dos países
Redacción ARG360El 26 de agosto de 2026, un gigantesco bloque de hielo se desprendió de un glaciar a unos 5.200 metros de altitud en la región montañosa de Nepal, cerca del Tíbet. La caída, que equivalió en fuerza a un evento sísmico de magnitud 5,2, fue inicialmente confundida con un terremoto por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Sin embargo, el análisis posterior confirmó que se trataba del colapso de una masa de hielo que desencadenaría la catástrofe.
¿Cómo se produce un "tsunami desde el cielo"?
El mecanismo detrás del desastre fue descrito por el científico Simon Cox, del instituto neozelandés GNS Science, como el efecto de un émbolo. El enorme bloque de hielo, en su caída, se transformó en una "masa arrolladora de detritos", arrastrando rocas, sedimentos y árboles, y empujando con una fuerza brutal el agua de los ríos del valle. Esta mezcla letal, que alcanzó velocidades de más de 100 kilómetros por hora, es lo que los especialistas denominan un flujo hiperconcentrado, similar al concreto líquido.
El resultado fue una ola de lodo y escombros que arrasó todo a su paso. La masa, que recorrió 20 kilómetros en apenas siete minutos, impactó primero el paso fronterizo de Gyirong y, posteriormente, se adentró en Nepal, destruyendo puentes y sepultando comunidades enteras a lo largo del río Bhote Koshi.
Cambio climático: una bomba de tiempo
Si bien el evento fue un GLOF, su definición más estricta—la ruptura de una presa natural que contiene un lago glaciar—está siendo debatida, ya que algunos expertos no detectaron lagos glaciares en la zona del colapso. No obstante, la tragedia pone de manifiesto un riesgo creciente en la región.
El calentamiento global está acelerando el derretimiento de los glaciares del Himalaya, creando y expandiendo lagos glaciares, lo que convierte a las comunidades que viven río abajo en una zona de alto riesgo. "En cierta medida, es una bomba de relojería", sentenció el glaciólogo Adrian McCallum.
Para los habitantes de los valles, la advertencia es clara: cuando un evento de esta magnitud se desata, correr no sirve de nada. La única posibilidad de supervivencia, según los expertos, es buscar refugio en una colina de al menos seis metros de altura.


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