Industria Ficción: la escuela técnica como laboratorio literario

Entrevistas a Pedro Nazar (impulsor de IF) y a tres jóvenes autores de este proyecto que cruza talleres industriales, poesía adolescente y ficción contemporánea para romper la falsa frontera entre técnica y creatividad

CulturaEsteban CastrománEsteban Castromán
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¿Qué pasa cuando una fragua deja de ser solo una herramienta y se vuelve metáfora? ¿Cuando un torno puede girar también en el interior de un poema? ¿Cuando una escuela técnica, ese territorio históricamente asociado a la lógica dura de la producción y lejos del arte, se transforma en espacio de experimentación literaria?

Eso es lo que propone Industria Ficción, el proyecto impulsado por Pedro Nazar, docente de literatura que decidió no enseñar imaginación en abstracto sino incrustarla directamente en el corazón del taller. Entre serruchos, gubias, aserrín y tornos, nació una práctica que no busca formar escritores profesionales sino algo más radical: que los estudiantes técnicos no renuncien a su potencia creativa antes de tiempo.

Industria Ficción no es exactamente ciencia ficción. Es, como define Nazar, un intento de construir un nuevo vector de lectura donde “el futuro es hoy” y donde la industria no aparece como distopía, sino como escenario para pensar el presente. Porque la imaginación también es una fábrica de historias.

Tapa Mewing libro

En ese cruce surge “Mewing”, uno de los libros del proyecto Poetas Electromecánicos, donde la poesía se escribe con olor a metal y polvo industrial. Alumnos de segundo año de la Escuela Técnica N° 25 Fray Luis Beltrán aceptaron el desafío de invocar a Oliverio Girondo y llevarlo de paseo por los talleres de una escuela industrial.

En este libro, las máquinas hablan, los tornillos se enamoran y la industria deja de ser solo producción para convertirse en lenguaje.

Para sumergirnos en este fascinante mundo, entrevistamos a su mentor (Pedro Nazar), pero también a tres jóvenes escritores que forman parte de esta experiencia.


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1.Entrevista a Pedro Nazar, impulsor de Industria Ficción.


¿Qué significa para vos escribir ciencia ficción desde una escuela técnica?

Mi idea original es crear un nuevo género que no se llame ciencia ficción, sino Industria Ficción. ¿Cuáles son los vectores de lectura de este nuevo género? Que los alumnos y alumnas de escuelas técnicas lo definan a través de sus textos. Leer en sus cuentos temas recurrentes, formas parecidas de expresarse, tal vez un vocabulario adolescente, una sintaxis en construcción, miradas propias… sobre un tema en particular: la industria.


¿Cómo fue el proceso de trabajo colectivo entre estudiantes, talleristas y docentes?

Muy interesante. Soy profesor de literatura y el área de los talleres era un mundo completamente lejano para mí. El proyecto me obligó a visitarlos y conocer algo nuevo. Mis guías fueron los docentes del área técnica, pero sobre todo los alumnos. Ellos me instruían sobre procesos industriales y herramientas. Fue claramente un proceso de aula invertida.


La lectura de Oliverio Girondo en mis clases y mi experiencia como tallerista los ayudó a buscar su parte creativa, valorarla, encontrar libertad en el lenguaje. Al principio, cuando empezaban a escribir, se quedaban paralizados. Eran muy racionales. Daban poco espacio a su intuición. Cuando les decía que la hoja en blanco es un espacio de total libertad, dudaban… y después no paraban de escribir.


¿Qué cosas de la vida cotidiana en la escuela se colaron en los relatos?

Hábitos docentes. Actitudes que se enquistan en toda profesión. Estereotipos. Y, por supuesto, los espacios de taller como escenarios de los cuentos.

Cuando escribo necesito mirar lo que está pasando. Si la escena transcurre en el vacío, es difícil avanzar. Caminaba la escuela con la vista, copiaba detalles.

También me encontré con cierto tabú: que los técnicos son “duros”, muy creativos con las máquinas pero poco profundos emocionalmente. Jugué con eso, lo exageré, lo parodié. Pero siempre con un final constructivo. No quería burlarme, sino divertirnos con esas rigideces que a veces adoptamos y que desde afuera pueden resultar cómicas.


¿Qué rol juega la tecnología en los cuentos? ¿Y qué lugar ocupan los cuerpos?

Me interesa el cruce, el puente entre ambos. Que las historias se construyan en ese punto medio.

En el cuento “Robot”, por ejemplo, un alumno cree que el objetivo del Estado es convertir a todos en robots al terminar sexto año. Está enamorado y teme que a su novia no le guste besar aleaciones. Ahí aparece esa tensión entre máquina y cuerpo, entre metal y deseo.

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¿Los relatos son futuristas o espejos del presente?

No son futuristas. Tal vez por eso no sean ciencia ficción. Son ilusiones sobre la realidad, planos del presente para pensar el presente. Construir el hoy.


¿Qué desafíos encontraste al trabajar con adolescentes sobre géneros que suelen considerarse “adultos”?

No trabajé con géneros en particular. Lo que me interesa es la libertad absoluta en la literatura y la creatividad de los adolescentes: su lenguaje, su mirada, su capacidad de detectar fisuras del mundo que a nosotros se nos escapan.

Industria Ficción agrega un nuevo espectador: el adolescente técnico. Uno que mira con asombro e inquietud el presente. Para este proyecto, el futuro es hoy. No se trata de proyectar mundos posibles, sino de ejercitar la escritura desde el taller, con una mente activa en el presente.


La propuesta parece ir más allá de publicar libros. ¿Cómo pensás el cruce entre industria y ficción como práctica editorial?

Industria Ficción es un aporte más a la educación. La diferencia es que salió del aula y tuvo que adaptarse al mundo exterior para sobrevivir.

El objetivo es que los alumnos no desechen su imaginación porque trabajan en un mundo “duro”. Que sepan que tienen una herramienta valiosa. Por eso es importante sostener ese cruce desde el ciclo básico, antes de que la lógica industrial impere sola.

No quería pensar imaginación en Lengua y razón en Taller como mundos irreconciliables. Por eso muchas veces escribíamos directamente en los talleres industriales: entre máquinas, sobre mesas marcadas por gubias, con el sonido del torno en el aire. Acortar camino. Pensar ambas cosas juntas.


Ahora hablemos sobre “Mewing”: ¿cómo surgió la idea de invocar a Oliverio Girondo en una escuela técnica?

Conocía la estética de Girondo por otros talleres. Pero en la escuela fue azar. Busco libros en cantidad suficiente para que todos tengan uno. Ese día había varios ejemplares de “Espantapájaros”. Y así empezó.


Las herramientas aparecen como personajes. ¿Qué revela eso?

Los alumnos saben que entran en un mundo racional y duro. La poesía les muestra una libertad inesperada dentro del taller. Los cuatro libros de los Poetas Electromecánicos —“nashe”, “xd”, “wazaa” y “mewing”— incluyen poemas de todos. Nadie quedó afuera. No hubo caridad: hubo trabajo, método y hallazgo de libertad. Algunos la encuentran rápido, otros tardan más, pero todos llegan a mostrar una potencia creativa enorme.


El título “Mewing” remite a una práctica estética y a una obsesión algorítmica. ¿Qué te interesaba explorar?

El título siempre se elige colectivamente. Intenté proponer nombres, pero quería uno que los representara. En una clase alguien gritó “nashe” en tono de broma. Inmediatamente todos levantaron la mano. Así surgieron los títulos: palabras que hablan de su mundo, su cosmovisión, su innovación.


¿Cómo se cruzan el humor y el horror en “Mewing”?

No sé si hay horror. Hay asombro. El humor surge del cruce de vocabularios que nunca se hubieran encontrado sin la libertad poética. La sinécdoque, por ejemplo, se vuelve una herramienta poderosa.


¿Qué papel juegan los cuerpos adolescentes?

Los cuerpos son el corazón del proyecto. La tecnología puede ser filosa, pero la palabra no. “Serrucho” no corta; se deja manipular. Modificar el mundo aunque sea por unos versos genera vértigo, incertidumbre. Eso repercute en un cuerpo en construcción, como el adolescente.


¿Qué cambios buscaste en la voz narrativa en “Mewing”?

No es mi voz. Es la de ellos. Yo transmito una estructura; el contenido es suyo. Ninguno será poeta profesional. No es el objetivo. Lo importante es atravesar una experiencia poética y llevar ese vértigo hacia el futuro. Algún día lo necesitarán.


Si tuvieras que describir “Mewing” como un estilo musical o visual, ¿cuál sería?

Sería una música lúdica y liviana, casi angelical, en contraste con lo industrial. Visualmente, algo surrealista. Dalí. Los relojes derritiéndose.


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2.Entrevista a Joel Medina, autor de “Mewing”.


¿Cómo fue la experiencia de escribir poesía dentro del taller? ¿Qué cambió en su forma de mirar las herramientas?

Para mi, la mejor experiencia de escribir en el taller, inspirándonos por un libro basado en poemas sobre herramientas, es que al entrar al taller nos sentíamos como en un mundo libre. Nos expresábamos con libertad e imaginación.


¿Qué les pasaba por la cabeza cuando mezclaban palabras como "fragua" con "mariposa" o "eternidad" con "tornillo"?

Sobre las formas de mirar las herramientas hoy en día la sigo manteniendo intacta como siempre, un martillo lo uso para martillar, pero tras escribir el libro me abrió un nuevo ojo, en donde el martillo está metido en poemas donde lo podes usar para enamorar.

En el momento de escribir y mezclar palabras raras, como fragua y mariposas, por la cabeza me pasaban pensamientos graciosos donde me preguntaba a mi mismo ¿Qué estoy haciendo? pero fue algo tan lindo que hasta me ayudó a tener buen humor cuando me sentía mal.


¿Usaban alguna técnica o se dejaban llevar por lo que les salía?

La técnica que yo usaba para escribir era siempre usar palabras más adaptada para los chicos/as, es decir la mayoría en ves de decir "esto esta bueno" decían "esto está buenardo" y yo usaba esa palabra para implementar al poema como "Lo buenardo del martillo verde" etc


¿Trabajaban solos o compartían ideas con sus compañeros mientras escribían?

Los poetas electromecánicos éramos y somos un equipo, siempre trabajamos juntos dentro del aula y en el taller, compartiendo ideas y temáticas de escrituras


¿Cuáles fueron sus referencias (musicales, cinematográficas, literarias, etc...) a la hora de empezar a construir sus microdispositivos narrativos?

Al momento de escribir, tuve algunas referencias nombradas en las preguntas, yo normalmente escribía  enfocándome en las palabras más usadas por chicos/as, y en partes de musical de "no te va gustar" y "airbag"


¿Qué herramientas o espacios del taller les resultaron más poéticas o les gustaron más para escribir?

Yo al momento de escribir usaba todas las herramientas, todas me resultaron poéticas, y lo mismo con los espacios de taller.


Si tuvieran que elegir un objeto o situación del taller que los represente, ¿cuál sería y por qué?

No tengo ningun objeto que me represente


¿Creen que las cosas también tienen sentimientos, como se ve en algunos de sus poemas?

Yo creo que las herramientas no tienen sentimiento, los sentimientos se los creamos nosotros con la imaginación, tal cual como en los poemas.


¿Qué pasa cuando se mezcla la técnica con la imaginación?

Para mí la poesía, ya es parte de la técnica no hace falta mezclar nada


¿Creen que escribir poesía es parecido a usar una herramienta? ¿Por qué?

Usar una herramienta suele ser difícil hasta que aprendes a manipularla, la poesía para mi es lo mismo.


¿Aprendieron algo nuevo sobre ustedes escribiendo estos textos?

Aprendí algo sobre mí y lo que aprendí es que sé que puedo ser capaz de hacer de todo, metiéndole ganas y esfuerzo.


¿Qué sintieron al ver su nombre en un libro?

Yo al ver mi nombre en un libro sentí mucha emoción, por más que no sea tan conocido se que en mi vida marque una historia.


¿A quién se lo mostraron primero?

El libro MEWING de POETAS ELECTROMECÁNICOS, apenas termino se lo mostré a mi tía de Uruguay que ama la literatura.


¿Les gustaría seguir escribiendo? ¿Sobre qué?

Me gustaría seguir escribiendo, componer música escribir mis propias canciones, el proyecto es algo que me sirvió y lo uso para este tipo de cosas.


Última: ¿cómo se imaginan el futuro del mundo? 

El futuro es impredecible a mi punto de vista, pero me arriesgo a decir que a los que formaron parte de los poetas electromecánicos les va a ir bien, y van a poder ser lo que quieren ser.


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3.Entrevista a Laureano Campos, autor de “Mewing”.


¿Cómo fue la experiencia de escribir poesía dentro del taller? ¿Qué cambió en su forma de mirar las herramientas?

La experiencia de escribir poesía dentro del taller fue interesante porque me daba libertad a usar cualquier cosa para hacer poesía. Lo que cambió en mi forma de mirar las herramientas fue que podía imaginar cosas que nunca había pensado antes, como crear pequeñas poesías con las herramientas que he usado.


¿Qué les pasaba por la cabeza cuando mezclaban palabras como "fragua" con "mariposa" o "eternidad" con "tornillo"?

Lo que me pasaba por la cabeza eran un montón de cosas, algunas que no tenían sentido y otras que más o menos tenían sentido, igual cuando me iba al carajo y le agarraba la mano escrita ya no paraba.


¿Usaban alguna técnica o se dejaban llevar por lo que les salía?

La verdad, yo me dejaba llevar por lo que me salía.


¿Trabajaban solos o compartían ideas con sus compañeros mientras escribían?

La verdad yo trabajaba solo mientras escribía, tampoco queria molestar a mi compañero de banco porque sabía que si hacía eso él se iba a desconcentrar.


¿Cuáles fueron sus referencias (musicales, cinematográficas, literarias, etc...) a la hora de empezar a construir sus microdispositivos narrativos?

Yo usaba referencias musicales, sentimientos y colores, para hacer mis poemas.


¿Qué herramientas o espacios del taller les resultaron más poéticas o les gustaron más para escribir?

Para mí, la herramienta que me resultaba más poética era la fragua, la verdad siempre cuando escribía un poema me venía primero era una fragua, aunque no lo coloba ya que a la hora de escribir ya no sonaba bien.


Si tuvieran que elegir un objeto o situación del taller que los represente, ¿cuál sería y por qué?

Yo elegiría el momento de cuando empezamos a trabajar con las máquinas porque alli es donde sientes un gran miedo a la hora de manipularlo.


¿Creen que las cosas también tienen sentimientos, como se ve en algunos de sus poemas?

Y la verdad no pienso que las herramientas tienen sentimientos, pero si me pongo ahora a pensar que las herramientas tienen sentimientos yo sentiría una culpa que no me va a dejar en paz.


¿Qué pasa cuando se mezcla la técnica con la imaginación?

Lo que pasaría es que viajarías a un mundo muy extraño que nunca has visto.


¿Creen que escribir poesía es parecido a usar una herramienta? ¿Por qué?

Si la verdad yo creo que es una herramienta, porque las palabras también son una herramienta que nos sirve para comunicarnos y expresar lo que sentimos o pensamos.


¿Aprendieron algo nuevo sobre ustedes escribiendo estos textos?

Si, porque ya sé expresarme mejor en cuanto a sentimientos.


¿Qué sintieron al ver su nombre en un libro?

Lo que sentí fue una felicidad grande al ver mi nombre en el libro.


¿A quién se lo mostraron primero?

A quienes se lo mostré primero fue a mis padres.


¿Les gustaría seguir escribiendo? ¿Sobre qué?

A mí sí me gustaría seguir escribiendo porque me gustó hacer poesías. La verdad me gustaría seguir escribiendo poesía.


Última: ¿cómo se imaginan el futuro del mundo?

La verdad nunca me he puesto a imaginar cómo sería el mundo en el futuro, pero realmente creería que podría ser impresionante por las nuevas tecnologías, aunque muchas cosas desaparecerían y dejarían de existir.


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4.Entrevista a Nicolás Bonada, autor de “Mewing”.


¿Cómo fue la experiencia de escribir poesía dentro del taller? ¿Qué cambió en su forma de mirar las herramientas?

Fue una experiencia muy placentera y gratificante que disfruté. Ahora miro las herramientas como si tuviesen una infinidad de propósitos diferentes a los convencionales 


¿Qué les pasaba por la cabeza cuando mezclaban palabras como "fragua" con "mariposa" o "eternidad" con "tornillo"?

Nos pasa como si fuese una manera de expresarse o un nuevo idioma para el vocabulario.


¿Usaban alguna técnica o se dejaban llevar por lo que les salía?

La técnica era irse bien al carajo, que es la parte de arriba del barco para ver todo desde otra vista.


¿Trabajaban solos o compartían ideas con sus compañeros mientras escribían?

Algunas veces compartimos ideas e inspiraciones.


¿Cuáles fueron sus referencias (musicales, cinematográficas, literarias, etc...) a la hora de empezar a construir sus microdispositivos narrativos?

Jajaja, para mi, mi referencia era mi amigo y profesor Pedro Nazar.


¿Qué herramientas o espacios del taller les resultaron más poéticas o les gustaron más para escribir?

El taller de 1er año de Ajuste.


Si tuvieran que elegir un objeto o situación del taller que los represente, ¿cuál sería y por qué?

La mecha; por que me permite agujerear tu corazón y meter un tornillo poético en tí.


¿Creen que las cosas también tienen sentimientos, como se ve en algunos de sus poemas?

Si, por ejemplo: cuando se parte el mando de un martillo se decapita la creatividad y el corazón.


¿Qué pasa cuando se mezcla la técnica con la imaginación?

Se crea "Mewing".


¿Creen que escribir poesía es parecido a usar una herramienta? ¿Por qué?

Si, por que te da la posibilidad de clavarse nuevos significados a las herramientas u objetos


¿Aprendieron algo nuevo sobre ustedes escribiendo estos textos?

Sí, había una pequeña puerta, por la que al entrar se desbloquea un pequeño y enorme mundo literario o no,que te da creatividad poética.


¿Qué sintieron al ver su nombre en un libro?

Sentí que iba a ser escuchado por las herramientas.


¿A quién se lo mostraron primero?

A mi mamá y a mi papá, porque cabe recalcar que son las dos personas que más quiero en el mundo. Y no solo el de las herramientas.


¿Les gustaría seguir escribiendo? ¿Sobre qué?

Si, sobre un cuento ficticio y poético.


Última: ¿cómo se imaginan el futuro del mundo?

Coches voladores a gasolina y planetas tipo Futurama.


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Acá podés descargar el libro "Mewing" en PDF:
MEWING__Indistria Ficción__libro- completo.pdf

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Abrazos en loop

Esteban Castromán
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