
Cuando una causa puede cambiarlo todo: por qué Marcos Juárez se convirtió en un nombre de referencia en el derecho penal
Redacción ARG360
Durante más de tres décadas, el Dr. Marcos Juárez construyó su trayectoria precisamente en ese territorio: el de las causas penales complejas, las acusaciones graves y los expedientes en los que cada decisión puede cambiar el destino de una persona.
Su recorrido profesional está atravesado por investigaciones de enorme repercusión pública: lavado de activos, homicidios, narcotráfico, armas, delitos vinculados con funcionarios públicos y causas con fuerte exposición mediática.
No es un perfil construido desde la teoría. Es el resultado de haber tenido que defender personas cuando el escenario judicial era adverso y la presión pública era enorme.
De una acusación de lavado a una pena en suspenso
Uno de los casos que mejor permite entender su forma de trabajar es “El Entrevero”, una de las causas emblemáticas de lavado de activos vinculadas a Lázaro Báez. Mientras distintos acusados recibieron penas de prisión efectiva, la defensa del empresario A. M. A., encabezada por el Estudio Marcos Juárez y Asociados, consiguió que la condena fuera de dos años y seis meses de ejecución condicional.
El dato no es menor: de acuerdo con el material del caso, fue el único condenado que obtuvo una pena en suspenso. La defensa consiguió demostrar el rol marginal de su cliente y su desconocimiento respecto de la maniobra investigada.
Ahí aparece uno de los rasgos que definen a Juárez: no todas las personas que aparecen dentro de una investigación tienen necesariamente la misma responsabilidad penal. La tarea de una defensa consiste precisamente en demostrarlo cuando la prueba lo permite.
Cuando la acusación podía significar perpetua
En el caso del Intendente Lorenzetti, el punto de partida era todavía más extremo.
Su defendido llegó a juicio acusado Instigacion de homicidio calificado por el vínculo, en un escenario en el que la pena posible era la prisión perpetua. La defensa trabajó sobre la prueba y sobre las inconsistencias de la acusación. El resultado fue una absolución y libertad inmediata. Mientras tanto, otros dos coimputados recibieron condenas de 22 años de prisión.
En el denominado “Homicidio en Arizona”, Fiscalía y querella habían solicitado nuevamente prisión perpetua. La estrategia defensiva se concentró en un principio elemental pero decisivo: ¿qué pruebas objetivas existen realmente contra el acusado? El tribunal terminó absolviendo a su defendido por el beneficio de la duda.

Defender cuando la presión pública ya dictó sentencia
Hay causas en las que el expediente judicial no es el único escenario. También está la televisión, están los medios, están las redes y está una opinión pública que muchas veces construye una conclusión antes de que termine el proceso.
La Tragedia de Zanjitas fue uno de esos escenarios.
En un proceso de enorme sensibilidad social, la defensa de la titular de una empresa de transporte cuestionó la existencia del nexo causal necesario para atribuirle responsabilidad penal por la tragedia. El resultado fue la absolución.
Para un abogado penalista, ese tipo de causas dejan una enseñanza fundamental: la presión pública puede ser enorme, pero la responsabilidad penal debe probarse.
Cuando aparecen el poder, el dinero y el delito
La experiencia de Juárez también atraviesa investigaciones relacionadas con lavado de activos, narcotráfico, extorsión y patrimonios millonarios, como el caso del denominado Clan Alé.
También intervino en causas por acopio de armas y drogas, donde la estrategia defensiva puso el foco en la valoración integral de la prueba.
Y en el ámbito de la función pública, participó en la defensa de una exfuncionaria de San Luis en una causa de alta exposición institucional, obteniendo una resolución favorable.
Es justamente esa combinación —derecho penal, delitos económicos, función pública y causas de alto impacto— la que termina definiendo un perfil profesional particular.
El abogado que aparece cuando la situación ya es crítica
Hay una diferencia entre conocer el Código Penal y haber tenido que utilizarlo durante años en tribunales, frente a acusaciones que podían significar años de cárcel, prisión perpetua, pérdida del patrimonio o destrucción de una reputación.
Marcos Juárez construyó su carrera en ese segundo escenario.
Por eso su nombre puede resultar especialmente relevante para empresarios, funcionarios, dirigentes políticos y personas de alto perfil público que enfrentan una investigación penal y necesitan algo más que una opinión jurídica.
Necesitan estrategia. Necesitan experiencia. Necesitan alguien capaz de leer una acusación, encontrar sus puntos débiles, separar los hechos de las interpretaciones y construir una defensa alrededor de la prueba.
Porque cuando una causa penal comienza, muchas veces ya hay un relato instalado.
La verdadera defensa empieza cuando alguien se pregunta si ese relato puede probarse.
Y después de más de 30 años frente a los expedientes más difíciles, esa es precisamente la clase de preguntas que Marcos Juárez sabe hacer.
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