La trinchera del libro: qué está en juego con la derogación de las leyes que protegen a librerías y editoriales

En la Argentina existen dos leyes que desde hace más de dos décadas buscan proteger algo que trasciende al mercado editorial: el derecho a leer, la diversidad cultural y la existencia de una red de librerías, editoriales, autores y lectores distribuida en todo el país
Cultura Nicolás Serafini y Esteban Castromán

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La propuesta del Gobierno nacional de derogar la Ley 25.542 de Protección de la Actividad Librera y la Ley 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura reabrió un debate que excede ampliamente la discusión económica. La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta un libro, sino qué tipo de ecosistema cultural queremos construir y quiénes podrán publicar, distribuir y acceder a los libros en los próximos años.

La discusión suele simplificarse en términos de desregulación versus regulación. Sin embargo, detrás de estas normas existe una lógica distinta: la de entender que el libro no es un producto cualquiera. Es un bien cultural cuya circulación depende de un delicado equilibrio entre autores, editoriales, librerías, bibliotecas, distribuidores y lectores.

El precio único protege un ecosistema

La Ley 25.542 establece el Precio Uniforme de Venta al Público (PVP) para los libros. Esto significa que una novedad editorial tiene el mismo precio en una gran cadena comercial, una plataforma de venta online o una pequeña librería de barrio.

A primera vista podría parecer una limitación al mercado. En realidad, busca garantizar que la competencia no se base exclusivamente en la capacidad financiera de cada actor.

Una gran superficie comercial puede utilizar un bestseller como producto gancho, venderlo durante semanas con descuentos agresivos e incluso asumir pérdidas temporarias para atraer consumidores. Una librería independiente no puede hacerlo.

Cuando esa competencia desigual termina expulsando a las librerías más pequeñas, el problema deja de ser comercial y pasa a ser cultural. Cada librería que cierra representa mucho más que un local menos: desaparece un espacio de recomendación, de encuentro, de descubrimiento y de construcción de comunidades lectoras.

Las librerías además de vender libros, sostienen editoriales independientes, acompañan a nuevos autores, organizan presentaciones, acercan lecturas inesperadas y mantienen viva una diversidad cultural que difícilmente pueda sostenerse desde una lógica exclusivamente concentrada.


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Mucho más que una ley de precios

La segunda norma alcanzada por la propuesta oficial es la Ley 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura.

Su importancia suele pasar inadvertida porque no regula precios. Su función es otra: reconocer al libro y a la lectura como bienes esenciales para la cultura argentina y establecer políticas de promoción que fortalecen la industria editorial, las bibliotecas, las librerías y los derechos de autor.

En otras palabras, constituye el marco desde el cual el Estado reconoce que fomentar la lectura no es solamente una cuestión educativa, sino también una política cultural.

La bibliodiversidad también necesita protección

Existe un concepto muy utilizado en el mundo editorial: bibliodiversidad.

La idea funciona de manera similar a la biodiversidad en los ecosistemas naturales. Un ambiente saludable necesita especies diferentes; una cultura democrática necesita también una amplia diversidad de voces, catálogos, editoriales, librerías y lectores.

Cuando toda la circulación del libro queda sometida únicamente a la lógica de la rentabilidad inmediata, los títulos con mayor potencial comercial ocupan cada vez más espacio, mientras las apuestas de riesgo encuentran menos posibilidades de existir.

No significa que desaparezcan los grandes éxitos editoriales. Significa que se vuelve mucho más difícil que aparezcan los próximos.

Los autores emergentes, el ensayo, la poesía, la narrativa experimental, los libros académicos, las publicaciones regionales y buena parte del trabajo desarrollado por editoriales independientes encuentran cada vez menos oportunidades para llegar a los lectores.

Una sociedad que pierde bibliodiversidad también pierde capacidad para debatir, imaginar y producir nuevas miradas sobre sí misma.


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La experiencia internacional

Quienes defienden estas leyes suelen señalar que no se trata de una excepción argentina.

Diversos países con industrias editoriales consolidadas mantienen sistemas de precio fijo o mecanismos equivalentes para proteger la red de librerías y garantizar una oferta editorial amplia y diversa.

La experiencia internacional muestra que, allí donde estos sistemas fueron eliminados, los precios bajaron de manera transitoria en algunos títulos de alta rotación, pero el mercado tendió luego a concentrarse, disminuyó la cantidad de librerías independientes y la oferta editorial se volvió más homogénea.

En definitiva, el problema no suele aparecer el primer día. Se manifiesta cuando ya desaparecieron muchos de los actores que sostenían la diversidad del sistema.

Nico y Esteban en ZF26

La experiencia cotidiana de una editorial independiente

En ARG Editorial conocemos esa realidad desde adentro.

Cada libro implica asumir un riesgo económico, editorial y cultural. Apostar por autores nuevos, desarrollar proyectos que no responden a las tendencias del mercado o publicar ensayos especializados rara vez obedece a una lógica de rentabilidad inmediata.

A eso se suman las dificultades que hoy atraviesa buena parte del entramado PyME argentino: el aumento sostenido de los costos de producción, la volatilidad del precio del papel, la caída del consumo cultural y la creciente dificultad para acceder al financiamiento.

Sin embargo, el desafío más importante sigue siendo otro: sostener la posibilidad de publicar libros que amplíen la conversación cultural del país.

Una discusión sobre el futuro de la lectura

Cuando se habla del precio único del libro o de las políticas de fomento a la lectura, muchas veces el debate parece quedar restringido a editoriales, librerías o autores.

Sin embargo, el principal destinatario de estas herramientas siempre ha sido el lector.

Defender la bibliodiversidad significa defender el derecho de cualquier persona a encontrar mucho más que los títulos de mayor venta. Significa que un autor desconocido pueda convertirse en una voz imprescindible, que una editorial pequeña pueda asumir riesgos culturales y que una librería de barrio siga siendo un espacio donde los libros circulan acompañados de conversaciones, recomendaciones y encuentros.

La discusión, en definitiva, no es solamente económica.

Es una discusión sobre qué país queremos leer.

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Nico Serafini es contador público, empresario PyME, comunicador y músico. Lleva años asesorando y acompañando a pequeñas y medianas empresas en su crecimiento, brindando soluciones contables, financieras y administrativas. Es columnista de ARG360. Su libro ECONOMÍA POP propone un método práctico para pensar y gestionar negocios en la era del entretenimiento.

Esteban Castromán es escritor, editor y productor cultural argentino. Desde 2012 coordina Zona Futuro en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y el laboratorio editorial STROM.ar, donde desarrolla proyectos que cruzan literatura, cine, música, videojuegos, podcast, inteligencia artificial y narrativas digitales.

Ambos son directores de ARG Editorial.

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