Vidas dañadas

GLS es una columna semanal en ARG360 que acerca el derecho a la vida cotidiana. Esta entrega aborda cómo las desigualdades económicas dejan huellas que exceden lo social y se proyectan en el tiempo
Claves Gerardo Lucá Samoilov

Portadas notas ARG360 (7)

“La violación de los derechos humanos no se expresa solo en el terrorismo, la represión o los asesinatos, sino también en la persistencia de condiciones de extrema pobreza y en estructuras económicas injustas que producen desigualdad.”
(Papa Francisco)

 

Más allá de cualquier dato estadístico, la pobreza es una realidad. Es una experiencia concreta que atraviesa la vida cotidiana de millones de personas y que, con el paso del tiempo, deja marcas cada vez más difíciles de revertir.

En la Argentina de hoy, esas marcas se multiplican.

Durante los últimos años, la pobreza y la indigencia han crecido de manera sostenida. Según datos del INDEC, más de un tercio de la población vive bajo la línea de pobreza, mientras que los niveles de indigencia continúan en ascenso. La inflación, la falta de empleo formal y una economía que no logra estabilizarse empujan a amplios sectores a situaciones de vulnerabilidad extrema. La desigualdad se vuelve visible en cada rincón: en la calle, en la escuela, en el acceso a la salud, en las oportunidades que se abren. O que directamente no existen.

Aunque desde el gobierno se han señalado mejoras en algunos indicadores, la realidad cotidiana muestra un escenario que sigue deteriorándose. La ausencia de un plan integral capaz de abordar el problema en toda su dimensión profundiza esa sensación de estancamiento.

En este contexto, el Consejo Episcopal Argentino, junto con la UCA y Cáritas, presentó en junio de 2024 un informe que aporta otra dimensión al problema. Allí se señala que la pobreza monetaria alcanzó el 49,9 % en el primer semestre de ese año, mientras que la indigencia llegó al 12,9 %. El dato más alarmante aparece en la infancia: el 67,3 % de los niños vive en situación de pobreza, el nivel más alto desde principios de los años 2000.

Cuando la pobreza alcanza esos niveles, deja de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en una estructura que impacta en lo social y también deja huellas en el plano biológico.

Los factores ambientales pueden modificar la forma en que se expresan nuestros genes sin alterar la secuencia del ADN. En contextos de pobreza, el estrés crónico, la malnutrición y la falta de acceso a servicios básicos durante la niñez generan efectos que la ciencia describe como epigenéticos. Son marcas que no se ven, pero que permanecen.

Esto implica que las experiencias adversas no terminan en una generación. Se proyectan.

Las condiciones de vida pueden influir en la salud física y mental de quienes nacen en esos entornos, configurando un escenario donde las desigualdades no solo se heredan en términos económicos, sino también en términos biológicos.

Las condiciones epigenéticas derivadas de la pobreza pueden aumentar la predisposición a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos como la depresión o la ansiedad, e incluso alteraciones en el desarrollo cognitivo. A eso se suman dificultades en el aprendizaje, menor capacidad de concentración y mayores probabilidades de exclusión social.

La pobreza, entonces, limita el presente y condiciona el futuro, operando en múltiples niveles al mismo tiempo.

Cuando las desigualdades se vuelven estructurales, el derecho deja de ser una promesa abstracta y pasa a ser una herramienta imprescindible.

Porque en ese punto, garantizar derechos trasciende la cuestión jurídica: es una condición para interrumpir un ciclo que, si no se enfrenta, podría seguir avanzando generación tras generación.

Entender este proceso permite dimensionar el problema en su verdadera escala. Se trata de vidas atravesadas por condiciones que reducen oportunidades desde el inicio y que, si no se modifican, tienden a reproducirse. Más allá de cualquier dato estadístico.

 

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Gerardo Lucá Samoilov es abogado, docente universitario (UCES) y conferencista. Ha sido dirigente de organizaciones de colectividades a nivel nacional y del Rotary Internacional. Trabaja desde hace años en el ámbito judicial y en la formación cívica. En GLS, su nueva columna en ARG360, comparte herramientas de orientación ciudadana para acercar el derecho a la vida cotidiana.

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