
Lula bajó la pobreza al mínimo histórico y perdió 3,4 millones de votos

Flávio Bolsonaro reunió 56,1 millones de votos el domingo y terminó primero con 47,03% de los válidos en el total de Brasil. Lula sumó 53,9 millones y 45,16%. Entre los dos quedaron 1,87 puntos porcentuales, algo más de 2,2 millones de votos, y una segunda vuelta para el 25 de octubre.
En 2022, cuando encabezó su propia primera vuelta, Lula había juntado 57,3 millones. Ahora reunió 3,4 millones menos con un padrón electoral más grande. El bolsonarismo hizo el recorrido inverso: Jair había alcanzado 51,1 millones hace cuatro años y su hijo sumó cinco millones por encima de esa marca.
El IBGE midió 5,3% de desocupación en el trimestre móvil de junio a agosto, el registro más bajo de toda la serie de la PNAD Contínua para el total de Brasil. El Ministerio de Trabajo contabilizó 1,13 millones de puestos formales netos entre enero y agosto. El ingreso laboral real promedio trepó a 3.777 reales mensuales.
El salario mínimo brasileño pasó de 1.212 reales en 2022 a 1.621 este año, con una fórmula de valorización permanente escrita en la Ley 14.663 que combina la inflación del año previo con el crecimiento del PIB de dos años antes. El impuesto a la renta dejó de cobrarse sobre ingresos de hasta 5.000 reales mensuales. Bolsa Família llega a 19,3 millones de familias y en octubre su piso subió 15,04%. El Novo PAC tiene 41.100 emprendimientos en cartera, la Nova Indústria Brasil comprometió 300.000 millones de reales en cinco misiones productivas y Petrobras volvió a destinar 82% de su inversión trimestral a exploración y producción.
A eso se agrega una reforma que todavía está en el Senado: la Cámara de Diputados aprobó en segunda votación, por 461 contra 19, la reducción de la jornada semanal de 44 a 40 horas sin recorte salarial (se trata de una promesa con trámite avanzado antes que de una conquista vigente). Visto desde acá, el piso de esa discusión brasileña queda ocho horas por debajo del máximo legal argentino, que todavía responde a las 48 horas semanales que fijó la Ley 11.544 en 1929.
Cuando Washington endureció los aranceles, el gobierno brasileño evitó replegarse. Entre enero y agosto le vendió a China 77.070 millones de dólares, 15% más que un año antes, contra 24.105 millones colocados en Estados Unidos. Vende al mercado chino 3,2 veces lo que coloca en el estadounidense, y ese superávit le deja divisas propias para importar bienes de capital en lugar de salir a pedirlas prestadas.
Ochenta y cuatro millones de adultos brasileños terminaron agosto con el nombre en los registros de morosidad, el número más alto jamás medido en ese país. La Confederação Nacional do Comércio contabiliza 82% de las familias endeudadas, otro récord de su serie, y 29,9% con cuotas en atraso. De ese grupo, 12,5% directamente declaró que no está en condiciones de pagar. El Banco Central calcula que los hogares destinan 26,6% de su ingreso a cubrir cuotas e intereses de créditos bancarios.
La Confederação Nacional de Dirigentes Lojistas y el SPC Brasil publicaron el dato que más ordena esa contradicción: desde comienzos de 2021 la deuda media de esas personas creció 81% y los salarios aumentaron 51%. Entre esas dos curvas vive la frustración de un hogar que efectivamente mejoró. Porque 86,72% de las nuevas moras corresponde a gente que ya había estado en mora antes.
La pobreza, mientras tanto, cayó al nivel más bajo desde que se mide. El Ipea calculó que la pobreza extrema alcanzaba a 4,8% de la población brasileña en 2024 y que la renta media real creció más de 25% entre 2021 y 2024, el mayor avance en tres años consecutivos desde 1994 (recordemos que este dato no es comparable con la Argentina porque las canastas son distintas). Un hogar que salió de la indigencia, entró al consumo a crédito y hoy refinancia la tarjeta todos los meses mejoró de verdad y vive apretado al mismo tiempo. Esas dos experiencias conviven en la misma persona, y el voto las procesa juntas.
El gobierno llegó a poner dinero fiscal en el surtidor durante la campaña. Entre el 10 de septiembre y el 5 de octubre destinó 6.605 millones de reales a contener el precio de los combustibles, con un subsidio de hasta un real por litro de gasoil. La medida atravesó la primera vuelta completa y venció al día siguiente de la elección, con el voto corriéndose igual.
Piauí pasó de 74,2% a 71% de los válidos. Bahia, de 69,7% a 66,1%. Lula conservó los nueve estados del Nordeste y bajó en todos ellos. En el Norte retuvo Amazonas, Pará y Amapá, y entregó Tocantins. Minas Gerais es el caso que más duele, porque lo había ganado por 49.700 votos en 2022 y esta vez lo perdió por 592.300.
Datafolha encontró 56% de intención por Lula contra 26% por Flávio entre quienes cobran Bolsa Família, y el reparto se invierte entre quienes no lo cobran. El programa funciona electoralmente donde llega, y aun así la región donde más llega entregó casi cuatro puntos porcentuales menos que hace cuatro años. La transferencia sostiene el voto propio sin alcanzar para ampliarlo.
La explicación más difundida es el castigo global a los oficialismos, y tiene respaldo: la consultora británica Public First sostiene que el patrón se mantiene desde 2024, cuando más de setenta países fueron a elecciones nacionales, y que alcanzó al Partido Conservador británico, a la coalición de Macron, al Congreso Nacional Africano, al Partido Demócrata y al BJP de Modi. Esa lectura describe un humor y se detiene ahí. El PL se convirtió en la bancada más grande de la Cámara de Diputados brasileña con 121 escaños, veintidós más que en 2022, y se llevó 19 de las 54 bancas del Senado en juego. La derecha y el centro se quedaron con 17 de las 20 gobernaciones definidas en primera vuelta. Hay cuadros, territorios y bancadas, que es precisamente lo que un voto de bronca pasajero no deja construido.
La producción industrial brasileña cayó 1,2% interanual en agosto y retrocedió en 16 de las 25 actividades que releva el IBGE. El problema le resulta conocido al estructuralismo latinoamericano, porque el empleo y las transferencias mejoran el consumo con cierta rapidez y la densidad productiva se construye en plazos que no coinciden con el calendario electoral. El crédito sigue caro, con una Selic que llegó a 15% y recién bajó a 13,75%, intereses nominales equivalentes a 8,86% del PIB en doce meses y una deuda bruta general de 82,9%.
El BCRA, en la Argentina, informó una morosidad (de montos) de las familias argentinas de 12,9% en julio, el nivel más alto en más de dos décadas, contra 5,6% un año antes. En préstamos personales trepó a 16,7% y en tarjetas de crédito a 12,8%. El mismo síntoma aparece acá con otro origen, porque en Brasil los hogares se endeudan mientras el desempleo toca mínimos y la renta real sube, y en Argentina se endeudan mientras se destruyen puestos de trabajo. Para agosto, según el IAG en base a BCRA, son 20,8 millones de deudores, y unos 5,7 millones de morosos.
El INDEC midió un crecimiento de 1,9% en el acumulado del primer semestre argentino, y adentro de ese número conviven cosas muy distintas. Minas y canteras avanzó 14% interanual, el agro 10% y la intermediación financiera 5,6%. La industria manufacturera cayó 2% y el comercio 1,2%. Mirado desde la densidad productiva, es una economía que se expande donde se emplea poco y se contrae donde se emplea mucho.
Brasil direcciona crédito con el BNDES y define misiones productivas con plazos y metas. Argentina apostó al RIGI, que garantiza estabilidad fiscal por treinta años sin obligar a integrar proveedores locales y habilita la remisión libre de divisas desde el cuarto año.
Se registra, además, una caída real de 81% sobre 2023, en la inversión pública ejecutada hasta agosto 2026. El vínculo con Brasil quedó más desparejo en el camino: entre enero y agosto Argentina acumuló un déficit comercial de 2.052 millones de dólares con su principal socio, después de 5.653 millones en todo 2025.
Si una gestión que llevó el desempleo al mínimo de su serie, subió el salario mínimo por ley, eximió del impuesto a la renta a los ingresos medios bajos y puso en marcha 41.100 obras todavía pierde 3,4 millones de votos, el supuesto de que los buenos indicadores se convierten en consentimiento político necesita revisión. Lo que la gente evalúa es si la mejora alcanza para llegar a fin de mes sin refinanciar la tarjeta, y esa vara resulta bastante más exigente que cualquier serie estadística (lo que explica por qué la discusión va a ocupar al Partido de los Trabajadores mucho más que estas tres semanas).
Con todo, la comparación entre los dos gobiernos deja poco margen para el empate. A Brasil le falta tiempo, porque construyó instrumentos productivos y todavía no consiguió que la mejora se sienta como futuro propio. En Argentina el problema es anterior: se desarmó la inversión pública, se dejó caer la industria y se le pidió al endeudamiento de los hogares que hiciera el trabajo que antes hacía el salario. Entre un gobierno que invierte y no alcanza y otro que elige no invertir, lo que cambia es qué queda en pie cuando el ciclo se da vuelta.
El 25 de octubre sigue abierto, aunque cuesta. Quaest medía un empate técnico de 42 a 41 antes de la primera vuelta. Los candidatos eliminados suman algo más de siete puntos de los válidos y se dispersan: Romeu Zema anticipó que vota contra el PT, Ronaldo Caiado descartó acompañar a Lula sin nombrar a Flávio, Augusto Cury dijo que no apoya a ninguno de los dos y Renan Santos se negó a respaldar al bolsonarismo. Gilberto Kassab, del PSD, insinuó que el Centrão puede inclinarse hacia Lula.
Quedan además 33,4 millones de brasileños que no fueron a votar, 21,08% del padrón, y un antecedente propio: en 2022 Lula ganó la primera vuelta por 5,23 puntos porcentuales y el balotaje por apenas 1,8. Los segundos turnos comprimen diferencias, aunque esta vez tendría que comprimirlas en el sentido contrario y con la Cámara, el Senado y las gobernaciones ya corridas hacia la derecha.
Lo que Brasil puso sobre la mesa es una discusión que Argentina todavía no está dando. Allá se debate cuánta inversión pública y cuánta protección social puede sostener una economía mientras baja el peso de sus intereses, y el domingo mostró que hacer mucho tampoco garantiza el premio en las urnas. Acá la inversión pública se achicó dos años seguidos en términos reales, la morosidad de las familias más que se duplicó en doce meses y la pregunta ni siquiera se formula. Una sociedad de 47 millones de personas merece discutir, con los números a la vista, qué se deja de construir cada vez que se recorta.
Gráfico: Pobreza comparable en la Argentina y Brasil, con una vara similar a la canasta vigente actualmente en la Argentina. Datos hasta 2024.

Hernán P. Herrera es coordinador del Área de Economía del IAG. IG @hernanpherrera.







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