
¿Puede la política hacer más felices a las personas?
Redacción ARG360
En el marco de la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Nayla Siancha presenta La política de la felicidad, su primer libro, publicado por ARG Editorial. Una obra que propone repensar el rol del Estado desde una perspectiva poco habitual: la felicidad como horizonte de las políticas públicas.
Con una escritura que combina relato personal, crónica de gestión y reflexión política, el libro recorre la experiencia de más de una década de trabajo en el Estado (en áreas como desarrollo social, hábitat e infraestructura) para construir una mirada situada, “en el barro”, sobre cómo se diseñan, se implementan y se viven las políticas públicas en Argentina.
Lejos del enfoque académico tradicional, La política de la felicidad se pregunta qué ocurre cuando el Estado deja de ser una abstracción burocrática y se convierte en una herramienta concreta que impacta en la vida cotidiana de las personas: en el acceso a un plato de comida, a una vivienda digna, al tiempo libre o al bienestar.
“Este libro propone no sólo defender un Estado desfalleciente, sino pedirle aún más: que se proponga como objetivo la felicidad de las personas que lo habitan”, plantea Siancha.
El recorrido incluye escenas en comedores comunitarios, cooperativas, oficinas públicas y territorios atravesados por la desigualdad, pero también momentos íntimos que reconstruyen una vocación: la de quienes eligen lo público como forma de intervenir en la realidad.

>>Entrevista a Nayla Siancha
—¿Qué tipo de lector imaginás que se cruce con La política de la felicidad y decida llevárselo debajo del brazo?
Tiene que ser un lector que tenga ganas de creer, que tenga confianza, esperanza y deseos de que las cosas puedan ir bien, en nuestro país, en nuestra sociedad. Imagino que ese es el primer mensaje que transmite el libro, ya desde el título y desde la tapa. Y quien esté buscando eso, quien esté buscando volver a enamorarse o volver a tener algún tipo de esperanza en algún camino, creo que este libro le puede resultar interesante.
—Muchos libros de política en la Feria están escritos por analistas o consultores. El tuyo está escrito desde adentro, “en el barro”. ¿Sentís que ahí está su diferencial?
Me cuesta ver este libro como un libro de política en sí. Es más bien un libro de experiencias y de relatos que se cruzan con la política, por supuesto, y con el rol del Estado. Creo que el diferencial no es solo estar “en el barro”, sino también esa mirada más introspectiva sobre cada experiencia. Desarmar esas escenas en sensaciones, en lo que les pasa a las personas. Me parece que mezclar vivencias muy reales con algo tan duro como el accionar del Estado puede ser un diferencial.
—¿Por qué creés que a veces nos cuesta ver al Estado como una herramienta de transformación y no solo como una estructura burocrática?
Creo que, como digo en el libro, el Estado y las políticas públicas están hechas por personas. Entonces hubo personas que hicieron cosas muy positivas y experiencias muy valiosas, y otras que hicieron desastres: falta de gestión, abandono, corrupción. Y la arista más escandalosa suele primar, porque la otra es más silenciosa y vende menos. Entonces es bastante lógico que muchas personas vean al Estado como una estructura burocrática que no les resuelve los problemas, porque muchas veces efectivamente fue eso. Pero no es solo eso, ni ha sido solo eso. El Estado siempre es un espacio de disputa. Por lo tanto, me parece importante poner en valor esa otra faceta, la del Estado como herramienta de transformación, que existe pero no siempre se visibiliza.
—En el libro aparece una idea poco habitual: pensar la felicidad como objetivo de política pública. ¿En qué momento eso deja de ser una intuición y se convierte en una hipótesis de trabajo?
Creo que me acerqué al Estado con poca conciencia de qué esperaba encontrar. Y quizás el quiebre fue cuando empecé a trabajar en proyectos con contacto real con las personas y a escuchar testimonios. Ahí empecé a ver el impacto concreto que tenían las políticas en la vida de las personas: lo que llegaba, lo que no llegaba, lo que llegaba tarde. Escuchar relatos, ver caras, entender que la gente quiere vivir bien (tener su casa, su familia, su plato en la mesa, tiempo para compartir) y que el Estado incide mucho en eso, por acción o por omisión. Ahí empecé a darle forma a esta idea. Quizás al principio no la llamaba “felicidad”, pero con el tiempo se fue volviendo más clara.
—¿Qué creés que pierde la política cuando deja de preguntarse por la felicidad concreta de las personas?
Creo que pierde todo. Pierde el horizonte, el rumbo, el sentido. Y se convierte en otra cosa: en negocio, en especulación, en estrategias de poder. Deja de ser política.
—¿Qué aprendiste del territorio que no aparece en ningún manual de política pública?
Creo que prácticamente todo lo relevante lo aprendí en el territorio. Los manuales y la formación académica me dieron herramientas para analizar, para ordenar, para planificar. Pero el contenido viene de las experiencias concretas, de los barrios, de las familias. Ahí es donde realmente se aprende la política pública.
—¿Hubo alguna escena que te haya cambiado la forma de entender el Estado para siempre?
No hubo una única escena. Mi entendimiento del Estado fue más bien incremental. Sí hay escenas que marcan, como la del primer capítulo, pero no hubo un momento definitivo. Fue más bien atravesar distintos cargos, distintos espacios, aprender a escuchar. Al principio uno llega con una mirada muy tajante, pensando que los anteriores hicieron todo mal. Y después empieza a entender que hay dinámicas más complejas, que exceden a las personas. Y también a reconocer que, aun así, la impronta personal importa y que cada persona puede hacer una diferencia dentro del Estado.
—El libro combina relato personal, crónica y reflexión política. ¿Cómo encontraste ese tono híbrido?
No sé si lo busqué. Creo que me salió así. Siempre fui bastante particular en mi manera de ejercer la gestión pública, muy atravesada por lo personal. Y creo que eso se refleja en el libro.
—¿Qué fue más difícil: escribir sobre el Estado o escribirte a vos misma dentro de ese Estado?
Definitivamente escribir sobre el Estado. Porque el Estado puede verse de muchas maneras. Yo propongo una mirada, pero sé que hay otras experiencias y otras lecturas posibles. Entonces escribir sobre el Estado, en general, es mucho. Escribirme a mí misma fue más sencillo, porque es mi experiencia y tenía ganas de compartirla.
—¿Cómo conviven la politóloga y la escritora al momento de narrar el Estado?
Politóloga y escritora son dos identidades que no sé si incorporé tanto. Una politóloga escribiendo, una escritora gestionando, quizás o una persona atravesada por circunstancias de la vida política y la gestión estatal que necesitó compartirlo. Quizás esa sea la mejor manera de explicar cómo se dio esta convivencia.
—¿Cuándo entendiste que esas dos miradas tenían que convivir en el mismo libro?
Cuando surgió la posibilidad de escribirlo. Creo que fue en el momento en que Nicolás Serafini, de ARG Editorial, me propuso escribir un libro y enseguida le dije: 'mirá, tengo esto', y le mostré la introducción de mi tesis de maestría, que es un poco la historia que cuento en el capítulo uno. Volví a la introducción de mi tesis de maestría, que era la motivación personal detrás de un trabajo académico. Ahí entendí que ese era el valor: poder explicar por qué había elegido estudiar el Estado y trabajar en él. Esa mezcla era lo que valía la pena transmitir.
—¿A quién le hablás cuando escribís que hay que “pedirle más al Estado”?
Le hablo a la ciudadanía en general: a quienes votan, a quienes se indignan, a quienes están sufriendo por cosas que no llegan. Pero también a quienes están dentro del Estado. A que no se queden en lo mínimo, en la rutina, en el procedimiento. Es una invitación a tomar conciencia desde ambos lados: de quienes reciben las políticas y de quienes tienen la responsabilidad de hacerlas.
—Si tuvieras que elegir una sola emoción que te gustaría que el lector sienta al descubrir el libro en la Feria, ¿cuál sería?
La esperanza. Creo que hoy estamos viviendo un momento muy difícil, con mucha angustia y exigencia. Y este libro propone recuperar la idea de que las cosas pueden estar mejor.
—¿Cuándo y dónde será la presentación del libro en la Feria?
La presentación es el lunes 11 de mayo a las 16 hs., en el espacio Zona Futuro. El acceso es por la entrada de Cerviño 4474 y esperamos poder contar con la presencia de todos y todas.
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La política de la felicidad, de Nayla Siancha
(ARG Editorial, 2026)
PRESENTACIÓN
📍 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires
📌 Espacio Zona Futuro (ingreso por Cerviño 4474)
📅 Lunes 11 de mayo de 2026
🕓 16:00 hs



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