Colapinto paralizó Buenos Aires: 600 mil personas vibraron con el regreso de la Fórmula 1 a las calles porteñas

Tras 14 años sin que un monoplaza de la máxima categoría rodara en el país, Franco Colapinto protagonizó una exhibición histórica al volante del Lotus E20 y de la legendaria “Flecha de Plata” de Juan Manuel Fangio.
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Buenos Aires vivió este domingo una jornada que quedará grabada en la memoria del automovilismo argentino. Más de 600.000 personas desbordaron las avenidas Libertador y Sarmiento para presenciar el Road Show “F1 Buenos Aires”, un evento que marcó el reencuentro de la Fórmula 1 con el asfalto nacional después de 14 años de ausencia. La convocatoria multitudinaria obligó a cortar los accesos desde temprano, mientras familias enteras, fanáticos y curiosos se agolpaban detrás de las vallas con banderas celestes y blancas y cánticos que hicieron temblar el asfalto.

Sobre un trazado callejero de 2,3 kilómetros montado entre el Monumento a los Españoles y el Parque 3 de Febrero, Franco Colapinto fue el absoluto dueño de la escena. El piloto argentino de 22 años, que actualmente compite como reserva en la Fórmula 1, aceleró el Lotus E20 con el que Kimi Räikkönen ganó en Abu Dhabi en 2012 e hizo rugir el motor V8 de 750 caballos frente a una marea humana que estallaba en cada pasada. Pero el momento más emotivo llegó cuando Colapinto se calzó el casco para subirse a la “Flecha de Plata”, el Mercedes-Benz W196 con el que Juan Manuel Fangio conquistó su segundo y tercer título mundial en 1954 y 1955.

“Sentí algo inexplicable. Ver a tanta gente feliz, compartiendo esta pasión y tener el honor de manejar el auto del Chueco… es el día más importante de mi carrera”, expresó Colapinto, visiblemente emocionado al bajar del histórico bólido plateado. Las gradas naturales que se formaron sobre los puentes de la avenida Sarmiento y los balcones de los edificios linderos se vinieron abajo en aplausos cuando la Flecha de Plata completó su gira lenta, con el sonido inconfundible de su motor de ocho cilindros en línea que transportó a los presentes a la época dorada del automovilismo argentino.

La última vez que un Fórmula 1 había rodado en el país fue en 2011, cuando el equipo Red Bull realizó una exhibición en el Obelisco. Desde entonces, la categoría solo había vuelto en simuladores o en exposiciones estáticas. El Road Show de este fin de semana contó con el respaldo del Gobierno de la Ciudad y de la escudería Williams Racing, y forma parte de una ofensiva estratégica para devolver a la Argentina al calendario oficial de la categoría reina.

“Franco es el gran embajador que necesitábamos. Esta respuesta popular demuestra que el país está preparado para soñar de nuevo con un Gran Premio”, afirmó Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño, que siguió el evento desde el palco oficial junto a ex pilotos como Carlos Reutemann (homenajeado de manera póstuma) y el campeón de TC, Agustín Canapino.

La tarde, que arrancó con demostraciones de drifting y exhibiciones de categorías locales, culminó con un espectáculo de fuegos artificiales y el sobrevuelo de la escuadrilla acrobática de la Fuerza Aérea. Sin embargo, la imagen indeleble quedó en el horizonte de Palermo: un joven piloto argentino, heredero de la tradición de Fangio, recorriendo las mismas calles donde su ídolo fuera aclamado hace más de 70 años, ante una multitud que no paró de corear su nombre.

Un guiño al futuro
Mientras la organización estimó la presencia de más de 600.000 personas a lo largo del corredor, fuentes de la Fórmula 1 no descartaron que Buenos Aires pueda aspirar a una fecha rotativa a partir de 2028, si se concretan las obras de adaptación del autódromo Oscar y Juan Gálvez o se impulsa un circuito semipermanente en Costanera. La euforia desatada ayer sobre Libertador y Sarmiento parece haber encendido definitivamente esa ilusión.

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