
Inteligencia por decreto: el DNU de Milei que amplía el poder de la SIDE y enciende alertas democráticas

La reconocida conductora y artista venezolana radicada en Argentina relató el calvario de represión, tortura y censura que marcó a su generación. Un grito de justicia que busca sanar las heridas del exilio.
Política
Redacción ARG360
“Si yo siento una justicia amarga porque finalmente se llevan a ese dictador de mi país, permítanme celebrar. Permítanme ser feliz, que a nosotros nos han quitado demasiado”. Con estas palabras, cargadas de una mezcla de alivio y dolor acumulado, Anais Castro rompió el silencio. Apenas 48 horas después de confirmarse la captura de Nicolás Maduro, la conductora de televisión y cantautora venezolana abrió su corazón en Urbana Play, convirtiéndose en el eco de millones de compatriotas que hoy respiran una libertad contenida.
Ante los cuestionamientos sobre el fervor de la comunidad venezolana en el exterior, Anais fue tajante: “No nos contaminen la alegría de sentir que se hace un poquito de justicia. Nosotros ya salimos a la calle en 2014, cuando la censura era tan brutal que ni siquiera podíamos ver lo que pasaba por televisión porque nos tenían encerrados”.
Un puente entre dos naciones: El exilio en Argentina
Para Anais, Argentina no es solo un refugio, sino el lugar donde su identidad se transformó. Sin embargo, el dolor del desarraigo persiste ante la incomprensión de algunos sectores.
“Es difícil encontrar hoy un argentino que no tenga un amigo o compañero de laburo venezolano”, reflexionó. Pero su mensaje fue directo hacia quienes lanzan críticas desde la comodidad del sofá: “La próxima vez que le vayas a decir ‘cipayo’ o ‘vende patria’ a un venezolano, piénsalo dos veces. Venezuela no es Afganistán ni Panamá; Venezuela es Venezuela. Solo pedimos respeto y que nos regalen tres días para bailar en el Obelisco y festejar”.
El despertar de una generación marcada por la censura
El quiebre democrático que relata Castro comenzó en su adolescencia. En 2007, con solo 14 años, presenció el cierre de RCTV, un hito que describe como el primer gran golpe a la libertad de expresión.
El bautismo de fuego: “Me escapé del colegio para protestar en San Antonio de los Altos. No sabía si una bomba lacrimógena te mataba; cuando cayó a mis pies y me empecé a asfixiar, pensé que moría. Luego supe que, efectivamente, mataban”.
El colapso del sistema: Aquellos años fueron el prólogo de una crisis que se infiltró en lo más íntimo: la falta de medicinas, alimentos y combustible.
La salud como arma política
Uno de los momentos más crudos de su relato ocurrió en 2011, cuando sufrió una parálisis facial. Al acudir a un Centro de Salud Integral (CDI) atendido por médicos cubanos, la respuesta fue una sentencia ideológica:
“Le preguntaron a mi mamá: ‘¿Usted es chavista? Porque si no, no la podemos atender’. Mi cara se estaba dando vuelta y la atención dependía de una afiliación política”.
Aunque una enfermera se apiadó y logró atenderla en secreto, la marca de la discriminación quedó grabada. Ese mismo año, siendo voluntaria en el Hospital de Niños de Caracas, vio morir a una niña por una infección causada por la precariedad del edificio. “No aguanté más y dejé de ser voluntaria. El sistema se caía a pedazos”, recordó.
Tortura y éxodo: El precio de la protesta
Con la llegada de Maduro al poder en 2013, la violencia escaló a niveles insostenibles. Anais recordó el asesinato de su compañero de universidad, Basil Da Costa, y la desaparición de amigos cercanos que fueron torturados durante semanas antes de ser enviados al exilio por sus padres para “limpiarles el espíritu del trauma”.
El relato alcanzó su punto más oscuro al mencionar las tácticas de terror contra las familias de los manifestantes: “A una amiga se la llevaron junto a su madre. Cinco guardias torturaron a la señora en un camión y, cuando ella pidió piedad de rodillas, la orinaron entre todos para que su hija dejara de protestar. Mi amiga se fue a España y nunca más volvió”.
3 de enero: El fin de una era y el inicio del duelo
La noticia del sábado 3 de enero —la captura de Maduro y la intervención del Cuartel de la Montaña— significó para Anais el derecho a reclamar su propia alma. “Ellos me contaminaron el corazón, tengo derecho a alegrarme”, afirmó.
Sin embargo, la victoria es agridulce. El miedo persiste incluso en la distancia:
El silencio interno: “El venezolano dentro del país está aterrado, borrando mensajes de sus teléfonos por miedo a que los detengan si ven que están celebrando”.
El duelo a distancia: “Mi mejor amigo llora hoy porque no pudo viajar a enterrar a su padre ni a su primo. No hay manera de volver aún”.
El temor al largo brazo del régimen: “Cuento esto y tengo miedo de que nunca más me renueven el pasaporte”.
Anais Castro concluyó su intervención con un pedido de empatía para una nación herida que, tras diez años de separaciones familiares, solo busca un instante de paz: “Dejen que esa gente que no ve a su mamá hace una década vaya y baile un tambor. No nos quiten también la justicia”.

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El empresario teatral, pieza clave en el manejo de USD 260 millones de la selección, intentó descartar su teléfono celular al ser interceptado por la PSA. El juez Armella ordenó allanamientos en Nordelta, la sede de la AFA y el predio de Ezeiza.

Tras dos años de congelamiento, el Presidente autorizará la suba este martes. El objetivo es frenar la "fuga de cerebros" hacia el sector privado. La medida se oficializará el 2 de enero.

A través de una serie de resoluciones, se definieron las subas que regirán desde enero. Además, se pondrá en marcha el nuevo esquema de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF).

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La operación contra el buque "Marinera" ocurre tras dos semanas de persecución. Al menos 16 buques han intentado burlar el bloqueo naval impuesto por Washington tras la caída de Nicolás Maduro.

Se trata de una operación "Repo" con seis bancos internacionales a una tasa del 7,4%. Los fondos se utilizarán para afrontar el vencimiento de USD 4.200 millones del próximo 9 de enero.