
No me llames Tami: un librojuego para perderse entre 28 finales posibles
Esteban Castromán
En No me llames Tami, el lector recibe una invitación bastante más peligrosa: ponerse en los borcegos de Tamara, una protagonista que viaja hasta Santa Lucía, en el Partido de La Costa, para hacerse cargo de la casa y las cosas de su tío abuelo Alfonso Montgomery, desaparecido en circunstancias misteriosas. A partir de ahí aparecen extraterrestres, monstruos marinos, sectas, vampiros, armas biológicas y una sucesión de decisiones capaces de llevar la historia hacia 28 finales posibles, casi todos terroríficos.
Escrito por María Eugenia Alcatena, Melisa Martí y Florencia Miranda, e ilustrado por Joaquín Bourdeu Barassi, No me llames Tami fue publicado originalmente hace nueve años y se agotó durante su primer año de circulación. Ahora vuelve de la mano de Primigenia Austral, como primer librojuego de una nueva línea editorial. La reedición incorpora además un prólogo exclusivo de Edward Packard, creador del formato y de la mítica colección Elige tu propia aventura.

La lógica del librojuego es sencilla y, al mismo tiempo, profundamente perturbadora: el lector lee, decide y continúa. Cada elección modifica el recorrido. El libro deja de funcionar como una línea recta y se convierte en un territorio con bifurcaciones, desvíos, trampas y finales.
Esa estructura recupera un formato que fue una puerta de entrada a la lectura para varias generaciones y que hoy vuelve a dialogar con una cultura acostumbrada a elegir recorridos, desbloquear posibilidades y explorar universos narrativos múltiples. En No me llames Tami, sin embargo, hay una diferencia fundamental: las decisiones pueden conducir al lector hacia lugares bastante más oscuros que los de una simple aventura.

¿Qué sucede cuando un libro permite que cada lector construya su propio recorrido? ¿Las decisiones que tomamos dentro de una ficción dicen algo sobre nosotros? ¿Buscamos llegar al final o queremos conocer todas las historias posibles?
Las autoras de No me llames Tami —María Eugenia Alcatena, Melisa Martí y Florencia Miranda— responden esas preguntas desde el territorio que mejor conocen: un laberinto poblado de monstruos, humor, literatura, terror y decisiones equivocadas.
>>>ENTREVISTA
Los librojuegos fueron una puerta de entrada a la lectura para miles de chicos durante los años ochenta y noventa. ¿Qué creen que sigue teniendo de revolucionario un formato donde el lector decide el destino de la historia?
Florencia: Creo que todos queremos jugar y todos queremos vivir muchas vidas posibles, y los librojuegos combinan esos anhelos de una manera muy sencilla y muy efectiva. Un librojuego es lo más parecido a un pequeño multiverso de bolsillo: decido algo, me la juego, si no era lo que quiero siempre puedo volver para atrás. Que algo tan simple como un librito te ofrezca esas posibilidades, esa potencialidad cruda, sigue siendo fascinante.
No me llames Tami combina terror, criaturas extrañas, sectas, ciencia ficción y veintiocho finales posibles. ¿Cómo se construye una historia cuando el desafío ya no es escribir un único recorrido sino imaginar todos los caminos que un lector podría tomar?
Melisa: Construimos la historia pensando en los caminos que Tami podría tomar. Nuestro compromiso con la protagonista fue tan grande que capítulo tras capítulo nos poníamos en sus zapatos (en sus borcegos) para imaginar cuál sería su siguiente error trágico. En el fondo, invitamos al lector a que se camufle con un personaje que, torpe y sentimental, toma pésimas decisiones y, a pesar de eso, tiene reservados dos o tres finales sorprendentemente felices.
Esta reedición llega nueve años después de una primera edición que se agotó rápidamente e incorpora, además, un prólogo de Edward Packard, creador de “Elige tu propia aventura”. ¿Qué sintieron cuando entendieron que un libro nacido casi como objeto de culto seguía buscando nuevos lectores?
Florencia: Siempre quisimos que No me llames Tami continuara siendo leído y encontrara nuevos lectores. Nos sorprendió, cuando hicimos la relectura previa a esta segunda edición, encontrar que no había celulares inteligentes, todo era más rudimentario, porque tiene que ver con la época en que la escribimos, nueve años atrás. No obstante, es una historia (o más bien: un puñado de historias) de terror muy atemporal, y los librojuegos siguen generando un momento de entrega lúdica que funciona muy bien.
¿En qué momento una elección deja de ser un mecanismo narrativo y empieza a decir algo sobre quien está leyendo?
Eugenia: Es muy probable que el mecanismo narrativo de los librojuegos revele cosas sobre quién los está leyendo. Pero si es así, es un tipo de saber sinuoso, indirecto, poco fiable, como la trama de estos libritos. No creo que las elecciones respondan de manera directa a determinados rasgos de la personalidad (si es que eso existe: los librojuegos nos dicen que no), sino más bien a impulsos oscuros de la curiosidad, del capricho, que habría que decodificar. Es, en todo caso, un tipo de saber que no convendría tomar muy en serio.
¿Creen que todos leemos buscando una historia o, en el fondo, buscamos descubrir qué decisiones tomaríamos si pudiéramos entrar en ella?
Eugenia: Casi todas las personas que conozco, yo incluida, hemos leído los librojuegos marcando las opciones que dejábamos atrás, para poder volver en cuanto chocábamos contra un final y explorar las alternativas que no habíamos elegido antes. De este modo, las decisiones terminan siendo al fin y al cabo irrelevantes. Leemos buscando todas las historias posibles. No nos contentamos con una sola sino que queremos el universo (narrativo) entero. Seguramente esto sea parte del encanto de estos libros, que nos entregan esa multiplicidad que anhelamos.
Los monstruos de No me llames Tami cambian según el camino elegido. ¿Los verdaderos monstruos siempre dependen del recorrido de quien los encuentra?
Florencia: Creo que los verdaderos monstruos son un cruce entre un poquito de nuestras decisiones y mucho azar. Eso es lo más terrorífico del monstruo, al menos para mí, ¿no?, el factor random. El monstruo ficcional es mucho más agradable, divertido, te lo esperes o no. En el caso de No me llames Tami, intentamos versionar muchos de los monstruos y terrores que más nos fascinan, espantan o encantan, o una mezcla de las tres cosas juntas.
¿Qué les interesa más: que el lector llegue al mejor final o que se pierda?
Eugenia: En No me llames Tami, no hay otra opción que perderse. Las contrariedades y los imprevistos persiguen a Tamara desde el principio. Y los supuestos buenos finales son tal vez más terroríficos que los malos. Queremos que el lector se asombre y se divierta.
¿Los librojuegos son libros con muchas historias o máquinas para fabricar lectores?
Melisa: Los librojuegos son trampas en las que queremos caer. Así como un laberinto es una multiplicidad de recorridos posibles, pero es un laberinto, este formato es una historia que nos narra a nosotros. Es, más precisamente, un laberinto de espejos: cada vez que nos encontramos en un punto sin salida, cada vez que llegamos a una página que dice “FIN”, nos enfrentamos a nosotros mismos y descubrimos cómo somos tomando decisiones cuando tenemos la ilusión de poder elegir.

María Eugenia Alcatena es escritora, guionista, docente e investigadora. Publicó el libro de cuentos Como ruedas como jaulas como comadrejas y es coautora de Caminan entre nosotros y No me llames Tami. También integra las antologías Extraña confederación argentina y Nosotros después que llegaron ellos. Como guionista, participó en los libros de historietas Ruido blanco y Las durmientes, por el que recibió en 2025 el Premio Carlos Trillo a Mejor Guionista. Es doctora en Literatura, docente universitaria e investigadora del CONICET, y participó en distintos programas de radio como columnista y escritora.

Melisa Martí es escritora, investigadora y música. Se doctoró en Literatura con una tesis sobre literatura española medieval, en una trayectoria atravesada por su fascinación por la paleografía y los manuscritos. Escribe sobre ángeles, demonios, monstruos y mujeres desafiantes de la Biblia. También es guitarrista de Las Fantásticas Pupés y coordina la colonia de rock Chicas Amplificadas. Su universo personal podría resumirse en una combinación bastante improbable y perfecta: folk horror, garage rock y manuscritos iluminados.

Florencia Miranda es escritora, doctora en Literatura y docente universitaria. Es coautora de No me llames Tami y Caminan entre nosotros. También conduce en YouTube Algo así pero nada que ver, un programa dedicado a la historia, el fútbol y toda clase de temas difíciles de clasificar. Fan de la literatura del siglo XIX, hincha de Boca y consumidora entusiasta de true crime, sus intereses atraviesan buena parte de los territorios que confluyen en sus trabajos.

Joaquín Bourdeu Barassi es ilustrador y artista plástico. Pasó por la carrera de Bellas Artes y actualmente participa del taller de Diego Perrotta, aunque prefiere definirse como autodidacta. Ilustró No me llames Tami, Caminan entre nosotros y El Hijo. Es además creador de El Cardenal, un webcómic de pulp horror, y desarrolla una obra visual poblada de máscaras, monstruos y criaturas que dialogan con los imaginarios del terror.


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