
Ignacia sintoniza el universo emocional de Björk
Esteban Castromán
La cartografía tiene la función de representar gráficamente porciones de la superficie terrestre, reducidas y escaladas, para facilitar la orientación, el estudio geográfico, la planificación urbana y la navegación. Establecer un orden, digamos.
Sin embargo, también existen otras frecuencias de la percepción que son difíciles de medir o de mapear desde un procedimiento técnico tradicional.
Por ejemplo, los paisajes sensibles que aparecen cada vez que escuchamos una determinada canción. A veces basta una voz para regresar a un lugar donde nunca estuvimos físicamente, pero cuyo perfume emocional nos abre posibles realidades, paralelas o perpendiculares (si es que tales conceptos existieran en la dimensión matemática de lo inexplicable).
Ese territorio es el que Ignacia decidió explorar en Emotional Landscapes, una experiencia audiovisual inspirada en la obra de Björk que llegará el próximo 24 de julio a Artlab. Lejos de plantearse como un tributo, el proyecto toma la música de la artista islandesa como punto de partida para construir una obra propia, donde la electrónica, las cuerdas, las visuales y la performance dialogan con un recorrido artístico que lleva más de dos décadas explorando el cruce entre tecnología, canción y experimentación sonora.

>>>ENTREVISTA A IGNACIA
¿Qué parte de tu propia voz encontraste al entrar tan profundamente en la obra de otra artista como Björk?
Creo que, más que encontrar mi voz, encontré una forma de nombrar algo que estaba en mí desde muy chica.
Siempre fui una niña con un mundo interior muy activo. Escribía diarios, dibujaba, inventaba historias y cantaba todo el tiempo. Me acuerdo de viajar sola en colectivo para ir al colegio en Ituzaingó y mirar por la ventana los días nublados. Sentía una mezcla muy rara entre congoja y belleza. Era una emoción difícil de explicar, pero muy intensa.
Después fueron apareciendo distintos lenguajes que intentaban darle forma a ese universo. Spinetta, Cortázar, Mercedes Sosa... Marilina Ross. En el conservatorio descubrí la música clásica, más tarde llegaron Massive Attack, The Chemical Brothers y Radiohead.
Cuando escuché a Björk sentí algo muy particular. Pensé: "Ah...esta música, esta voz no le pide permiso a ningún género a ningún molde y sigue siendo canción, pero tiene momentos de cuelgue electrónico o jazeero." Y justo yo estaba muy nerd estudiando en el conservatorio música clásica, estudiuando jazz y tango en talleres extracurriculares, fue como descubrir que alguien hubiera encontrado una manera de transformar imágenes, recuerdos y emociones en música.
Eso fue lo que más me marcó, como sentir que escuchar su obra tocaba botones de sensaciones y colores y paisajes dentro mío que estaban buscando salir y existía la posibilidad de construir un lenguaje propio donde toda esa sensibilidad tuviera lugar.
Emotional Landscapes funciona como una relectura. ¿Qué cosas sentiste que era necesario traducir al Río de la Plata para que esas canciones respiraran desde este territorio y este tiempo?
Hay canciones en las que decidimos respetar muchísimo los arreglos originales. Incluso usamos algunos samples porque sentimos que ciertos sonidos forman parte de la memoria emocional de quienes crecimos con esa música, como una posibilidad de volver a experimentar una sensación corporal específica: estar completamente presentes en un recital.
Como cuando no vivíamos los conciertos a través de la pantalla de un teléfono. Escuchábamos, nos emocionábamos y ese recuerdo quedaba grabado en el cuerpo. Me interesa recuperar algo de esa experiencia.
Sin revelar demasiado, hay una canción muy conocida que hace más de quince años imagino como un tango. Hacer realidad esa idea, es un sueño y Sofía de Ciervo, que está renovando el lenguaje del tango desde un lugar muy contemporáneo para mi es fundamental para esta versión.
Todo el espectáculo parte del mismo deseo: acercarnos lo más posible a la experiencia de sentir esa música en vivo. Volver a vivir ese asombro compartido.
Sigo disfrutando el recorrido de mi último álbum Panorámica, que este año tendrá un relanzamiento con nuevas canciones y una edición en vinilo junto a Club del Disco y algo de volver a vivir en el conurbano me llevó a esta necesidad de revisitar música que me movió, me sacudió y me inspiró en uno de los momentos pilares para mi de empezar a componer canciones, beats y texturas sonoras.
Tu trabajo siempre parece moverse entre la tecnología y algo profundamente orgánico: sintetizadores, cuerdas, visuales, cuerpos, voces. ¿Qué te interesa explorar en ese punto donde la máquina deja de ser una herramienta y empieza a convertirse en un lenguaje emocional?
Hay una frase muy linda de Björk en el documental sobre Homogenic donde dice que hay personas que señalan a las máquinas y dicen que no tienen alma.
Creo que la tecnología, como cualquier instrumento, es una posibilidad. Lo que le da alma no es la máquina: es la relación que cada persona construye con ella.
Desde muy chica me pasó lo mismo. Con la pedalera más barata, desde el Fruitty Loops, el Reason hasta las sintetizadores Korg que uso actualmente, siempre abordo la tecnología desde la curiosidad buscando la experiencia más que el manual, antes que nada, muevo perillas.
Siento que me define un poco como compositora, que surjan un poco las ideas desde el accidente o la sorpresa. Después viene obvio, el diseño, la nerdeada, el cálculo, eso lo dejamos para otra charla.
Siento que vivimos una época donde la tecnología también puede empujarnos hacia caminos ya conocidos. Por eso intento conservar esa actitud casi infantil de jugar, explorar y sorprenderme.
Creo que abordar así la tecnología como herramienta permite que esta se transforme también en un lenguaje?. Interesante para charlar.
¿Qué aprendiste del trabajo colectivo y qué cosas sentís que sólo pueden aparecer cuando una obra deja de pertenecerle a una sola persona?
En este proyecto tuve el privilegio de trabajar con músicos que me acompañan hace casi veinte años: Gerardo Farez, Gastón Pesce, Florencio Finkel y Federico Novak. Nos encontramos haciendo algo completamente distinto que fue el armado de un laboratorio en el que fuimos descubriendo cómo hacer sonar la música de Björk desde nuestro propio lenguaje.
Después se sumaron Marcela Vicente en cello y Lara Rapetti en violín y terminó de armarse una banda soñada. Los ensayos están siendo muy lindos a nivel humano y creo que esa energía también forma parte de la obra.
Con Villa Cariño pensamos una reinterpretación del universo estético de Björk y junto al fotógrafo David Lescano, desarrollamos toda la identidad visual del proyecto. Las imágenes de los flyers surgieron de sesiones probando movimientos y saltos hasta encontrar esa sensación de cuerpo suspendido que terminó definiendo la estética del evento.
La participación de Fernando Molina, arquitecto y artista visual, que tradujo el universo de Björk desde un lenguaje completamente propio. Llevado a la pantalla de ArtLab, será una experiencia contundente.
Fundamental el acompañamiento de Norma Lichtenstein, actriz y directora de teatro, que me ayudó a expandir las posibilidades de la performance. Empezamos a preguntarnos no sólo cómo cantar estas canciones, sino qué cuerpo las habita hoy y cómo cada gesto también puede contar una historia.
Cada persona tomó el universo de Björk y lo reinterpretó desde su propio lenguaje.
Quiero destacar al equipo de ArtLab, que acompaña en cada etapa con muchísimo compromiso. Cuando un espacio confía así en una propuesta, pasa a formar parte de ella.
Björk suele decir que cada disco es una forma de cartografiar un estado emocional. Si tuvieras que dibujar hoy tu propio paisaje interior, ¿qué sonidos, qué texturas y qué silencios aparecerían en ese mapa?
Mi paisaje emocional hoy es bastante físico. ¡Me dan ganas de hacer un collage!
Una playa, el mar, algunas montañas y algunos colectivos. Paso bastante tiempo viajando. Volví a mirar por la ventana y a dejar que esos recorridos también formen parte de mi manera de pensar y de componer.
También estaría el pelaje de mi gatita, porque representa el refugio, la ternura y el volver a casa.
Habría bastante silencio. Antes me daba un poco de miedo; hoy siento que es un lugar donde aparecen muchas respuestas y que también forma parte de la música.
Y si ese paisaje tuviera colores, serían lilas y turquesas.
*Fotos x David Lescano
Ignacia presenta Emotional Landscapes en Artlab
Una experiencia audiovisual inspirada en la obra de Björk, con Benito Cerati, Paula Maffía, Lucy Patané y artistas invitados
Viernes 24 de julio | 20 hs
Artlab – Roseti 93, Chacarita
Entradas disponibles aquí


Sures suma una nueva estación en su mapa sudamericano: llegan Hnos. Ibarburu desde Uruguay

Homenajes a Raffaella Carrà y reediciones de Haruki Murakami marcan la agenda cultural

Argentina avanza a semifinales del Mundial 2026 tras vencer 3-1 a Suiza en tiempo extra


Martín Fierro Trap: una experiencia de gauchesca freestyle para jóvenes lectores



