El padre que hizo vibrar la discoteca con su techno y luego celebró misa el domingo: “Dios también está en el ritmo”

Más de 3.500 personas colmaron el boliche “Éxtasis” y 600 la parroquia Nuestra Señora del Ritmo. El sacerdote recaudó fondos para un centro de contención juvenil y rompió en llanto en la cabina. “Vi a un chico al que había acompañado en su peor momento, bailando y sonriendo”, confesó.
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Una imagen dio la vuelta al mundo este fin de semana: un sacerdote con auriculares, cruz de madera al cuello y manos sobre una mesa de mezclas, haciendo vibrar a miles de jóvenes con música techno. Pero lo que parecía una simple anécdota viral escondía una historia mucho más profunda: la del padre Luciano Méndez, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Ritmo, quien el sábado por la noche se subió a la cabina del club “Éxtasis” bajo el seudónimo “DJ Father Beat”, y horas después, el domingo a la mañana, celebró una misa multitudinaria que terminó con cientos de fieles emocionados.

El motivo detrás del evento: solidaridad y salud mental

Lejos de una provocación o un acto de excéntrico, el padre Luciano organizó la jornada doble con un objetivo claro: recaudar fondos y visibilizar la lucha contra la depresión y las adicciones entre los jóvenes de su comunidad.

“Hace meses vengo acompañando a chicos que intentaron quitarse la vida o que están atrapados en consumos problemáticos. Muchos me dijeron: ‘Padre, a la iglesia no voy porque me siento juzgado, pero en el baile me suelto, me siento vivo’”, explicó el cura de 42 años, también técnico en sonido y productor musical.

Así nació “Del beat al altar”: un evento con dos caras. La entrada al boliche costaba 500 pesos más un alimento no perecedero. El resultado superó todas las expectativas:

  • 3.500 asistentes al club (capacidad oficial: 1.200 personas).

  • 1.800 kilos de comida recolectados.

  • Casi un millón de pesos para un futuro centro de contención juvenil en el barrio más vulnerable de Villa María.

Una noche histórica: filas de tres cuadras y cortes de calle

El sábado a las 23 horas, la puerta del boliche “Éxtasis” ya era un hormiguero humano. Las filas daban la vuelta a la manzana. La policía local tuvo que cortar el tránsito y muchos jóvenes se quedaron afuera sin poder ingresar.

“Nunca vi semejante convocatoria para un DJ sacerdote. Había pibes con remeras de heavy metal, chicas con rosarios, familias enteras. El padre Luciano es un fenómeno”, declaró Tomás, dueño del local, que cedió el espacio gratuitamente.

Poco después de la medianoche, el padre Méndez subió a la cabina. Con su sotana negra y una cruz de madera, conectó su notebook y comenzó a mezclar temas propios, con samples de cánticos gregorianos y bases contundentes de techno. “La gente enloqueció. Hubo pogo, pero también momentos de recogimiento cuando puso un remix del ‘Aleluya’”, contó Facundo, un joven feligrés.

El momento del llanto: “Vi a Matías, el chico que había intentado suicidarse”

Lo que nadie esperaba ocurrió pasada la 1 de la madrugada. El padre Luciano estaba mezclando su tema más personal: “Agnus Dei 2.0”. De repente, soltó los auriculares, se llevó las manos al rostro y rompió a llorar desconsoladamente delante de miles de personas. La música bajó de volumen. Algunos pensaron que era parte del show.

Pero no. Al día siguiente, durante la homilía, el sacerdote explicó entre lágrimas lo sucedido:

“En ese momento, miré hacia abajo desde la cabina y vi a un chico de unos 19 años, flaquito, con una remera de Iron Maiden. Estaba llorando también, pero con una sonrisa enorme. Ese chico se llama Matías. Era uno de los que yo había ido a visitar a su casa porque había intentado quitarse la vida. Verlo ahí, bailando, vivo, abrazado a sus amigos… no pude más. Lloré de felicidad. Lloré porque Dios me regaló esa imagen. Eso es más importante que cualquier beat.”

El público respondió con una ovación que duró más de cinco minutos. Los videos del momento ya superan los 15 millones de visualizaciones en TikTok y Twitter bajo el hashtag #PadreTechno.

El domingo: una iglesia repleta y una misa con sabor a milagro

A las 10 de la mañana del domingo, la parroquia Nuestra Señora del Ritmo –que habitualmente reúne 80 fieles– amaneció con más de 600 personas adentro y otras 200 afuera siguiendo la celebración por parlantes. Entre los presentes: familias, jóvenes con lentes de sol y resaca, curiosos, y por supuesto, Matías, el chico del abrazo salvador.

El padre Luciano ofició la misa con su sotana, sin rastros de fatiga. Durante la homilía, vinculó el amor de Dios con la energía colectiva de la pista de baile: “Jesús nos enseñó a celebrar. La techno, bien vivida, puede ser oración. Lo importante es no perder el norte: el ritmo es un medio, no un fin. Y si lloré, fue porque vi el rostro de Jesús en cada uno de ustedes, tanto en el boliche como aquí”.

Al finalizar, Matías se acercó al altar y abrazó al cura en silencio. No hizo falta ninguna palabra.

Reacciones: el obispado apoya, los fieles se dividen (un poco)

El obispado local, consultado sobre la doble jornada, evitó sanciones y emitió un comunicado conciliador: “Cada sacerdote tiene sus carismas. Mientras no falte el respeto al culto ni escandalice a la comunidad, valoramos que acerque el evangelio a los jóvenes. El padre Luciano ha logrado que cientos de jóvenes que no pisaban una iglesia desde su primera comunión vuelvan a preguntar por Dios. Eso, queramos o no, es un milagro moderno”.

Surgieron algunas críticas en redes sociales (“un cura no debería estar en un boliche”, “falta de respeto”), pero fueron ampliamente superadas por mensajes de apoyo de creyentes y no creyentes por igual.

Próxima fecha: más grande, más ordenada y con misa incluida

El éxito fue tan rotundo que el padre Luciano ya confirmó una segunda edición para el sábado 2 de mayo. Esta vez será al aire libre, en un predio municipal con capacidad para 10.000 personas. La misa del domingo se adelantará a las 8 de la mañana “para que tengan tiempo de dormir y venir a dar gracias”, bromeó el sacerdote.

“Esto no es un show –insistió–. Es una comunidad que nace. La pista y el altar son el mismo suelo: el suelo de los que se animan a sentirse vivos. Dios también está en el ritmo.”

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