
La guerra en el Golfo enciende el precio del gas y desata una tormenta energética en Argentina
Redacción ARG360El tablero energético global explotó en Medio Oriente. Lo que hasta hace días era una guerra de baja intensidad cruzó una línea roja al atacar el corazón de la producción mundial de gas. Irán respondió a un ataque previo en su planta de Asaluyeh bombardeando Ras Laffan, en Qatar, el principal polo de Gas Natural Licuado (GNL) del planeta, responsable de casi el 20% de la oferta mundial.
El golpe no fue solo militar. Fue un misil directo a la arteria que alimenta a las economías de Asia y Europa. El mercado reaccionó en segundos: la cotización del gas en el nodo europeo TTF saltó a 16,7 dólares por millón de BTU (unos 55 euros el MWh), un incremento superior al 6% en cuestión de horas.
Un yacimiento partido en dos
La paradoja geológica es absoluta. El gas que se quema en Ras Laffan proviene del yacimiento North Dome, la misma estructura que del lado iraní se llama South Pars. No hay fronteras en el subsuelo: lo que ocurre de un lado impacta directamente en el otro, y lo que arde en Qatar resuena en las facturas de luz del otro lado del mundo.
El coletazo en Argentina: adiós a la desregulación soñada
Lejos de las dunas del Golfo, la onda expansiva ya reconfiguró las decisiones del gobierno de Javier Milei. La Secretaría de Energía, a cargo de María del Carmen Tetamanti, se vio forzada a prorrogar el régimen transitorio para la importación de GNL. En los hechos, el gobierno congeló su ambición de correrse del mercado de importaciones y abandonar la intervención estatal.
El mensaje es claro: la apuesta por un mercado completamente desregulado chocó de frente contra una realidad geopolítica que ningún decreto puede modificar. Sin embargo, el problema de fondo no es solo cuánto cuesta la energía, sino si habrá gas disponible y quién podrá pagarlo.
El infierno en el Norte: facturas que duelen
Mientras los precios internacionales se disparan, las provincias del norte argentino ya están en terapia intensiva. Con temperaturas extremas, la energía deja de ser un servicio para convertirse en un insumo de supervivencia, y el bolsillo de los usuarios estalla.
El senador nacional Gerardo Zamora (Santiago del Estero) llevó el reclamo al Congreso con una cuestión de privilegio contra el ministro de Economía, Luis Caputo, y la secretaria de Energía. Su diagnóstico fue lapidario: denunció una suba "exorbitante" del costo energético desde diciembre de 2023 y una quita "indiscriminada" de subsidios que, según ejemplificó, lleva a aumentos de hasta el 5000% en las facturas para los sectores más vulnerables.
El ejemplo que heló la sangre del recinto fue el de un jubilado que cobra 400.000 pesos. Con el nuevo esquema, que desde marzo redujo el tope de consumo subsidiado de 550 kWh a 150 kWh, pasará de pagar 50.000 pesos a cerca de 200.000. La mitad de su ingreso mensual se irá en mantener las luces encendidas.
Zamora vinculó este cuadro con el cierre masivo de comercios y pymes en todo el país. "La energía, que debería ser clave para la competitividad, se ha convertido en una barrera de entrada y una topadora de márgenes", sentenció.
Conclusión: la tormenta perfecta
La escalada en Medio Oriente no es la causa de la crisis energética argentina, pero actúa como un acelerador brutal de tensiones preexistentes. El gobierno, que buscaba desentenderse del costo energético para enfocarse en el déficit cero, se encuentra ahora con un doble frente: afuera, un mercado internacional hostil y caro; adentro, un invierno que se avecina con facturas impagables y un clima social caldeado. La guerra en el Golfo encendió la mecha, y la explosión se siente en cada factura de luz que llega a los hogares argentinos.


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