Reforma laboral en Argentina: ¿cómo impacta en la realidad de los trabajadores?

La iniciativa introduce modificaciones profundas en el mercado de trabajo, desde el régimen de vacaciones hasta la forma en que se establecen las jornadas laborales y se calculan indemnizaciones por despido

PulsoRedacción ARG360Redacción ARG360
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La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, que ahora debe volver al Senado para su aprobación definitiva, avanzó esta semana con media sanción en la Cámara de Diputados, tras un debate de más de diez horas en el Congreso argentino, en medio de protestas de sindicatos y una huelga general que paralizó servicios públicos en diversos puntos del país. 

La reforma se presenta como parte de la agenda legislativa del presidente Javier Milei para “modernizar” las relaciones laborales y adaptar las normas a un mercado más flexible. Sus defensores argumentan que los cambios reducirán la informalidad, dinamizarán la contratación y permitirán mayor competitividad. Sus críticos sostienen que implican una reducción de derechos laborales y un desplazamiento del peso de la negociación colectiva en favor del empresario.

Cambios centrales: vacaciones, despidos y banco de horas
Uno de los puntos más discutidos de la reforma es cómo se reorganiza el tiempo de trabajo y la compensación por horas extra. El proyecto aprobado en Diputados habilita lo que se conoce como banco de horas, un sistema mediante el cual las horas trabajadas por encima de la jornada habitual pueden compensarse con tiempo libre posterior en lugar de pagarse como adicionales. Este régimen requiere un acuerdo por escrito entre empleador y trabajador o quedar en manos de convenios colectivos específicos, y deberá respetar los descansos mínimos legales —como 12 horas entre jornadas y 35 horas de descanso semanal— incluso en contextos flexibles.

En materia de vacaciones, la reforma mantiene el período tradicional —entre el 1° de octubre y el 30 de abril— pero incorpora la posibilidad de fraccionarlas en tramos de al menos siete días, con notificación previa por parte del empleador y acuerdo con el trabajador. La idea es que ambos sectores puedan adaptar los tiempos libres a las necesidades productivas y personales, aunque también genera debate sobre el impacto real en la vida familiar de los empleados.

Otro cambio clave apunta a la forma en que se calculan las indemnizaciones por despido sin justa causa. El proyecto mantiene la regla general de un mes de sueldo por año trabajado, o fracción mayor a tres meses, pero modifica los conceptos incluidos en la base de cálculo, excluyendo algunos pagos no mensuales como ciertos adicionales o premios. También permite que parte de las obligaciones se afronten a través de mecanismos como cuotas cuando la empresa lo acuerde.

Mayor flexibilidad, menor costo para empleadores
Los cambios introducidos reflejan una tendencia hacia una mayor flexibilidad laboral, con la intención del oficialismo de facilitar la contratación y aliviar cargas para las empresas. Entre las propuestas más tangibles están la posibilidad de acordar compensaciones alternativas por horas extras, el uso del banco de horas para equilibrar cargas de trabajo, y la redefinición de conceptos que forman parte de indemnizaciones y beneficios.

Además, la reforma contempla ajustes adicionales vinculados a la negociación colectiva y al rol de los sindicatos. Si bien en la versión votada en Diputados se excluyó un artículo muy polémico que limitaba el pago de licencias médicas —lo que hizo que el proyecto deba retornar al Senado para su revisión— otras cláusulas relacionadas con convenios de empresa y la estructura de negociación sindical siguen generando preocupación en sectores gremiales.

Un debate con impacto político y social
El avance de la reforma laboral no ocurre en un vacío político. La sesión en la Cámara baja se produjo mientras sindicatos convocaban a una huelga general con movilizaciones y cortes, dejando en evidencia el nivel de resistencia social frente a los cambios propuestos. Para muchos trabajadores y organizaciones sindicales, los cambios representan una reducción de derechos históricos y una apertura a formas de contratación más precarias.

Para sus defensores, en cambio, la norma busca adaptar la regulación a un mundo laboral que ha cambiado profundamente en las últimas décadas, donde el empleo formal enfrenta desafíos de informalidad, rigidez y desacople con las necesidades productivas. El argumento oficial es que los cambios pueden incentivar la generación de empleo registrado y estabilizar sectores donde hoy predomina la informalidad.

¿Qué sigue?
Tras la aprobación en Diputados por 135 votos a favor y 115 en contra, la reforma laboral deberá retornar al Senado de la Nación para una votación final. Allí, los legisladores debatirán las modificaciones introducidas durante el trámite en la Cámara baja y podrán introducir nuevos ajustes antes de convertir el proyecto en ley.

La discusión deja varias preguntas abiertas sobre el futuro del trabajo en Argentina: ¿cómo impactarán estos cambios en la protección de los trabajadores?, ¿puede un sistema más flexible coexistir con derechos laborales sólidos?, ¿qué rol juegan los sindicatos en un nuevo escenario de negociación? Estas tensiones, por ahora, siguen sin resolverse.

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